Dolor de rodilla: causas más frecuentes y cómo puede ayudarte la fisioterapia

dolor de rodilla

El dolor de rodilla es una de las molestias más habituales tanto en personas activas como en aquellas que pasan muchas horas sentadas o han reducido su nivel de actividad física. Puede aparecer al caminar, subir o bajar escaleras, levantarse de una silla, correr, hacer sentadillas o incluso después de permanecer mucho tiempo en la misma posición.

En algunos casos, el dolor aparece de forma puntual después de un esfuerzo concreto. En otros, comienza poco a poco y termina afectando a actividades cotidianas que antes se realizaban sin dificultad.

La rodilla es una articulación compleja que soporta gran parte del peso corporal y participa en prácticamente todos los movimientos de las piernas. Cuando alguna de sus estructuras se sobrecarga o el cuerpo pierde capacidad para tolerar determinadas actividades, pueden aparecer molestias.

La buena noticia es que muchas causas de dolor de rodilla pueden mejorar con un tratamiento fisioterapéutico adaptado y una recuperación progresiva de la movilidad y la fuerza.

¿Por qué puede doler la rodilla?

No existe una única causa para el dolor de rodilla.

La articulación está formada por huesos, músculos, tendones, ligamentos, meniscos y cartílago, además de otras estructuras que trabajan juntas para permitirnos caminar, correr, saltar o agacharnos.

El dolor puede aparecer por una lesión concreta, pero también por un aumento repentino de actividad, una disminución de la fuerza, una sobrecarga o cambios recientes en la forma en que utilizamos la articulación.

Por eso, durante la valoración es importante conocer cuándo comenzó el dolor, qué movimientos lo empeoran y cómo está afectando al día a día.

Dolor femoropatelar

Una de las causas más frecuentes es el dolor femoropatelar.

Las molestias suelen localizarse alrededor o detrás de la rótula y pueden aparecer al subir o bajar escaleras, realizar sentadillas, correr o permanecer mucho tiempo sentado con la rodilla flexionada.

En muchos casos no existe una lesión concreta, sino una combinación de factores relacionados con la carga que recibe la rodilla y la capacidad de los músculos de la pierna para soportarla.

El tratamiento suele centrarse en recuperar progresivamente la fuerza y adaptar temporalmente aquellas actividades que aumentan los síntomas.

Tendinopatía rotuliana

El tendón rotuliano conecta la rótula con la tibia y participa especialmente en movimientos como correr, saltar o levantarse.

Cuando recibe más carga de la que puede tolerar durante un periodo prolongado puede aparecer una tendinopatía.

El dolor suele localizarse justo debajo de la rótula y es frecuente en personas que practican deportes con saltos, carreras o cambios de dirección.

Reducir completamente la actividad no suele ser la solución a largo plazo. El objetivo es ajustar temporalmente la carga y trabajar progresivamente la fuerza para aumentar la capacidad del tendón.

Lesiones de menisco

Los meniscos son estructuras situadas dentro de la rodilla que ayudan a distribuir las cargas y contribuyen a la estabilidad.

Una lesión meniscal puede aparecer después de un giro brusco o un traumatismo deportivo, aunque también pueden existir cambios en los meniscos asociados al paso de los años.

Entre los síntomas pueden aparecer dolor en la parte interna o externa de la rodilla, inflamación o molestias al realizar determinados giros y flexiones.

No todas las lesiones meniscales necesitan cirugía. Dependiendo del tipo de lesión y de los síntomas, la fisioterapia y el ejercicio pueden tener un papel importante en la recuperación.

Lesiones de ligamentos

Los ligamentos ayudan a mantener estable la articulación.

Una lesión puede producirse después de un giro, una caída, un cambio brusco de dirección o un traumatismo.

En estos casos es posible sentir dolor, inflamación, inseguridad al apoyar o sensación de que la rodilla “falla”.

El tratamiento dependerá del ligamento afectado y de la gravedad de la lesión. Tanto si se opta por un tratamiento conservador como si es necesaria una intervención quirúrgica, la fisioterapia suele formar parte del proceso de recuperación.

Artrosis de rodilla

La artrosis está relacionada con cambios progresivos en las estructuras de la articulación.

Puede provocar dolor, rigidez y dificultad para realizar determinadas actividades, especialmente después de periodos de inactividad o durante esfuerzos prolongados.

Tener artrosis no significa que debamos dejar de movernos.

Mantener una actividad física adaptada y mejorar la fuerza de las piernas puede ayudar a conservar la movilidad y facilitar las actividades cotidianas.

Dolor de rodilla por sobrecarga

No todo dolor de rodilla significa que exista una lesión.

Es muy habitual que aparezcan molestias después de aumentar demasiado rápido la actividad física.

Por ejemplo, comenzar a correr varios días por semana sin una adaptación previa, incrementar mucho los kilómetros, empezar a realizar sentadillas con peso o volver al deporte después de varios meses de inactividad.

Nuestro cuerpo necesita tiempo para adaptarse.

Cuando aumentamos las cargas más rápido de lo que los tejidos pueden asumir, puede aparecer dolor aunque no exista una lesión importante.

Síntomas frecuentes del dolor de rodilla

Dependiendo de la causa pueden aparecer diferentes síntomas:

  • Dolor en la parte delantera de la rodilla.
  • Molestias en la parte interna o externa.
  • Rigidez al levantarse.
  • Inflamación.
  • Dolor al subir o bajar escaleras.
  • Molestias al ponerse en cuclillas.
  • Dolor al correr o caminar.
  • Sensación de inestabilidad.
  • Dificultad para doblar o estirar completamente la rodilla.

La localización del dolor puede orientar la valoración, pero no es suficiente para determinar por sí sola qué está ocurriendo.

¿Hay que dejar de hacer ejercicio?

En la mayoría de los casos no es necesario abandonar completamente la actividad física.

Puede ser necesario reducir temporalmente los movimientos que provocan más dolor o disminuir la intensidad del entrenamiento.

Pero dejar de utilizar la pierna durante demasiado tiempo también puede provocar pérdida de fuerza y hacer que determinadas actividades resulten todavía más difíciles.

La clave está en ajustar las cargas.

Si caminar durante una hora provoca dolor, por ejemplo, puede ser más adecuado empezar con paseos más cortos e ir aumentando progresivamente.

¿Cómo puede ayudarte la fisioterapia?

El tratamiento comienza con una valoración individual.

El fisioterapeuta puede analizar la movilidad de la rodilla, la fuerza muscular, la estabilidad y la forma en la que realizas diferentes movimientos.

También puede resultar útil valorar otras zonas como la cadera o el tobillo, ya que participan directamente en muchas actividades en las que interviene la rodilla.

A partir de esta valoración se establece un plan adaptado a cada persona.

Ejercicio terapéutico para el dolor de rodilla

El ejercicio suele ser una de las herramientas fundamentales del tratamiento.

Dependiendo del problema pueden trabajarse aspectos como:

  • Fortalecimiento del cuádriceps.
  • Fuerza de glúteos y cadera.
  • Trabajo de isquiotibiales.
  • Fortalecimiento de gemelos.
  • Movilidad de la rodilla.
  • Equilibrio y estabilidad.
  • Control de los movimientos.
  • Preparación para volver a correr o practicar deporte.

No se trata únicamente de hacer ejercicios genéricos.

El objetivo es conseguir que la rodilla vuelva a tener capacidad suficiente para soportar las exigencias de cada persona.

Terapia manual

Las técnicas de terapia manual también pueden formar parte del tratamiento, especialmente cuando existe rigidez o determinadas limitaciones de movimiento.

Pueden ayudar a disminuir temporalmente las molestias y facilitar el movimiento.

Sin embargo, normalmente se combinan con ejercicio y una recuperación activa para conseguir resultados más duraderos.

Volver progresivamente a tus actividades

A medida que disminuye el dolor y mejora la fuerza, el tratamiento debe avanzar.

Una persona que quiere volver a correr necesitará recuperar progresivamente su capacidad para soportar impactos.

Un deportista que practica fútbol o pádel tendrá que volver a trabajar cambios de dirección, frenadas y movimientos rápidos.

Y una persona que simplemente quiere subir escaleras sin dolor necesitará recuperar fuerza suficiente para realizar ese gesto con comodidad.

Por eso el tratamiento debe adaptarse siempre a las necesidades reales de cada paciente.

¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable solicitar una valoración profesional cuando el dolor:

  • Se mantiene durante varias semanas.
  • Aumenta progresivamente.
  • Limita actividades cotidianas.
  • Aparece cada vez que haces ejercicio.
  • Se acompaña de inflamación importante.
  • Produce sensación de inestabilidad.
  • Dificulta apoyar correctamente la pierna.

También es conveniente consultar rápidamente tras un traumatismo importante, especialmente si existe una inflamación intensa o resulta imposible apoyar la pierna.

Recupera la confianza en tu rodilla

El dolor de rodilla puede llegar a condicionar mucho el día a día, pero sentir molestias no significa necesariamente que tengas que abandonar el ejercicio o las actividades que te gustan.

Una valoración adecuada permite conocer qué factores están influyendo y establecer un tratamiento adaptado.

La fisioterapia puede ayudarte a recuperar movilidad, fuerza y confianza para volver progresivamente a caminar, entrenar o realizar tus actividades habituales con mayor comodidad.

👉 Consulta aquí mi ficha de Google My Business y solicita información sin compromiso aquí

También te puede interesar mi ultimo post.

Dolor de hombro al levantar el brazo: causas y tratamiento